En Construcción 6° Semana

PREPARACIÓN:
contexto
LA LUZ DEL MUNDO
Juan 1:4-5

“En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella”.

El pastor César Castellanos nos comparte algo importante acerca de ser luminares en el mundo.

¿QUÉ LUZ PODEMOS LLAMAR?
Recordemos que cuando Jesús vino a este mundo, este se encontraba en completa oscuridad, mas Su venida vino a ser el Sol de Justicia que llegó a resplandecer en nuestros corazones.

“El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región de sombra de muerte, luz les resplandeció” (Mateo 4:16).

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Debemos entender que Jesús no es cualquier luz, Él es la única luz de este mundo, debemos recordar que Él es el Verbo de Dios y que por medio de Él todas las cosas fueron hechas y aunque gozaba del privilegio de ser igual a Dios, decidió despojarse para poder otorgar redención a toda la raza humana. Motivo por el cual aceptó que el Padre le hubiese preparado un cuerpo humano donde Él debería habitar tal como lo expresó el escritor a los Hebreos:

“Por lo cual, entrando en el mundo dice: “Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron. Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está escrito de mí” (Hebreos 10:5-7).

Jesús supo desde un principio la misión que el Padre le había asignado y estuvo dispuesto a asumir esa responsabilidad. Luego el Señor dijo a Sus discípulos:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).

Reflexiona en las siguientes preguntas:
1. Si Jesús es la única luz del mundo, ¿por qué dijo que Sus discípulos somos la luz del mundo?
2. ¿Cuál es nuestra responsabilidad como luz?
3. ¿Qué quería decir Jesús con que la luz no se coloca debajo del almud?

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(5 minutos)

Da una vela a cada discípulo, enciende todas las velas y apaga la luz del lugar donde están haciendo la célula, para hacer un juego.
El juego consiste en intentar apagar las velas de los demás y al mismo tiempo mantener encendida la vela de cada uno. Has dos rondas de un minuto.
Al finalizar, cuando solo quede una vela prendida o todas se hayan apagado, enciende la luz del lugar y explica:
Cada uno es la luz de el lugar donde se encuentra: trabajo, universidad, barrio, etc. Y todos tenemos la responsabilidad de mantener nuestra luz encendida hasta que Jesús, nuestra fuente de luz, vuelva al mundo.

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(20 minutos)

SIGAMOS A JESÚS
Lee junto a tus discípulos

Juan 8:12 y Mateo 5:14-16.

Luego explica que toda construcción tiene un fin, una meta y un destino. A pesar de que algunos no puedan tener claridad acerca del destino o el fin de sus construcciones, todas las vidas son formadas, moldeadas y edificadas con un propósito.

Jesús es la luz del mundo y también la fuente de toda luz. Por eso el llamado que Él hizo a sus discípulos fue la de seguirlo para que pudieran transmitir su luz al mundo. Explica que nuestro propósito es ser luz y explica un poco lo que estudiaste durante la preparación de la célula de los dos versos.

Al igual que Pablo, no solo somos transformados por la luz de Jesús al momento de tener un encuentro con Él, sino también somos llamados a ser mensajeros y portadores de Su luz en todo lugar.
Por eso Jesús confío la tarea de llevar su luz a las naciones a doce hombres comunes, doce casas de luz que lo único que tenían eran el llamado y la determinación de brillar en este mundo. Cuando sus discípulos lograron conectarse con la fuente de luz, pudieron transmitirla y llevar el mensaje e iluminar a un mundo sumido en las tinieblas. Hoy, Jesús sigue buscando personas dispuestas a seguirlo, casas disponibles para alumbrar el mundo y alcanzar con Su luz a esta generación.

Pide a tus discípulos que reflexionen en la siguiente pregunta: ¿estamos dispuestos como célula a ser una casa de luz que lleva el mensaje de salvación?

MANTENGAMOS LA LUZ ENCENDIDA
Explica, basado en

Éxodo 27:20

Que el mantener la luz encendida requiere un esfuerzo de cuidar y cultivar la presencia de Dios. No podemos salirnos de allí porque es el lugar donde se encuentra la fuente la luz que nos permitirá brillar en medio de la oscuridad.

Al igual que las vírgenes de Mateo 25 tenían una responsabilidad –mantener sus lámparas encendidas con el aceite que se les daba– cada uno de nosotros tiene como responsabilidad mantener su luz encendida, con el aceite del Espíritu Santo. Debemos mantener a Jesús brillando en cada casa y que el mundo vea en cada uno de nosotros una luz donde encontrará salvación porque siempre se mantiene encendida.

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(15 minutos)

Prepara con anticipación un mapa de tu ciudad, en un tamaño no mayor a un pliego.
Coloca el mapa en el centro de la célula y pide a cada discípulo que ponga la vela que usó en la primera actividad en el lugar donde viven (o donde estudian).

Enciende las velas y apaga la luz del lugar en donde están. Dirige un tiempo de intercesión por la ciudad, reconociendo que cada uno es la luz en medio de ella. Será un tiempo de pedir que se levanten muchas casas de luz en cada ciudad, para que Jesús alumbre en todas partes.

Oración
(5 minutos)

Guía la oración de la célula en un tiempo de ministración donde:
1. Oren por el mapa de la ciudad donde se encuentran.
2. Oren para que seguir a Jesús sea el principal objetivo de sus vidas..
3. Oren para que cada discípulo sea una casa de luz que lleve el mensaje de salvación a todo lugar.
4. Tengan un tiempo de arrepentimiento si por descuido u otra razón han permitido que la luz de Jesús se haya apagado en sus vidas.
5. Pidan que el Espíritu Santo sea el guía y ayudador de cada uno, para poder mantener la luz encendida y cumplir el propósito por el cual fueron diseñados.