Beneficios de Habitar en la Casa de Dios

Beneficios de habitar en la
casa de Dios

“El que habita al abrigo del Altísimo, Morará bajo la sombra del Omnipotente”.
(Salmos 91:1)

ALGO EN QUÉ PENSAR

El Salmo 91 se le atribuye a Moisés, y en él revela el secreto de su fuerza y su valentía. Al estudiar la vida de este tremendo hombre de Dios, podemos concluir que él vivió como si nunca hubiera tenido miedo a nada ni a nadie. No necesitó ningún ejército para enfrentar al gobernante más poderoso del planeta en aquel entonces; era él quien ponía las condiciones y no Faraón; era él quien determinaba lo que acontecería y así sucedía. Era como si un ejército invisible estuviera respaldándole en todo. Cada
palabra que salía de sus labios era un decreto.

¿Qué tenía aquel hombre que humilló al rey más soberbio, doblegó al ejército mejor entrenado, separó las impetuosas aguas del Mar Rojo y guió a tres millones de hebreos por el desierto? Solo hay una respuesta posible: Moisés moraba al abrigo del Altísimo.

Podemos decir que cuando habitamos bajo Sus alas, bajo Su sombra y bajo la cobertura que solo nos puede ofrecer el estar en Su casa, es ahí donde encontramos seguridad y protección de toda artimaña del enemigo.

DESARROLLO

1 SOMOS REDIMIDOS DEL PODER DEL ENEMIGO

Debemos entender que la palabra “redención” significa “rescate” o ser liberado de cadenas de esclavitud.

Es importante entender cómo opera el adversario: siempre que quiere tomar control de una persona, lo hace por medio del pecado, o maldiciones generacionales, o vicios, o puertas que el ser humano determina abrir en determinado momento en su propia vida.

Pero también debemos recordar que hay un arma espiritual más poderosa que cualquier arma física, y ésta es la Sangre de Jesús, que nos libera de toda opresión del enemigo.

¿Has sentido que el enemigo ha estado persiguiendo tu vida como ese león rugiente que está buscando destruir todo a su paso? ¿O tal vez has sentido que el enemigo se ha presentado a tus pensamientos y corazón como esa serpiente astuta que ha venido a sembrar silenciosamente temor, duda, fracaso, desánimo, etc? Debes aprender a usar esta poderosa arma, y la manera correcta de hacerlo es cuando tu confiesas y declaras:

“Por la Sangre de Jesús soy
redimido del poder del enemigo.
Ninguno de Sus dardos me
alcanzará porque habito en la
casa de mi Dios”.

2 SOMOS PARTE DE UNA FAMILIA

No solamente tenemos una familia biológica a la cual pertenecemos, sino que al entender que somos hijos de Dios, y que como hijos legítimos del Padre Celestial podemos vivir confiados en Su morada, es quitado de nosotros el espíritu de orfandad, y comenzamos a vivir una vida de libertad rodeados de la mejor familia, la familia de Dios.

La iglesia donde Dios te estableció trae una cobertura espiritual para tu vida, donde constantemente estás recibiendo de Su Palabra, estás en espacios de formación donde puedes crecer en tu relación con Él y estás rodeado de un ejército de intercesores que constantemente están orando por protección sobre cada miembro de la iglesia.

La familia de Dios es particularmente especial, porque el Padre, el Hijo (Jesucristo) y el Espíritu Santo juegan un papel fundamental en la construcción de nuestra vida y nuestro futuro, así que uno de los beneficios más grandes de ser parte de esta hermosa familia es poder crecer en comunión y en intimidad con la Trinidad.

3 DIOS CON NOSOTROS

Recordemos que este es uno de los nombres de Dios: “Emanuel”, que significa “Dios con nosotros”.
Hay una promesa que está en el libro de Isaías, en el capítulo 43 versos 1 y 2, donde dice: “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.”

Esta promesa Dios se la dio al profeta Isaías en su tiempo, pero es una palabra para cada uno de nosotros y para este día, donde el mismo Dios Emanuel dice: “Yo soy tu Creador, tu Formador, y aunque pases por momentos de gran prueba, nada te pasará porque Yo soy tu Dios y tu Salvador” (paráfrasis de los versos 1 al 3).

Cuando estés atravesando momentos de dificultad que traten de desalentarte, o robarte la fe, solamente entra en oración, declara la Palabra y espera en el Señor, porque Él hará y obrará a tu favor.

La protección divina está muy ligada a nuestra obediencia a Su Palabra.

De esta manera nos librará del mal, nos cubrirá con Su amor, nos dará seguridad; además Sus ángeles tienen la responsabilidad de protegernos en todo tiempo.

ORACIÓN Y MINISTRACIÓN

– Lleva a cada integrante de tu célula a que pueda expresar palabras de gratitud al Señor por Su
misericordia, porque nuevas son Sus misericordias cada mañana.
– Con esa misma actitud, dar gracias al Señor por la obra de la Cruz y por Su Sangre derramada por
nuestra redención.
– Declaren juntamente en voz alta la primera confesión de la Sangre de Jesús:
“Por la Sangre de Jesús, soy redimido del poder del enemigo. Ninguno de Sus dardos me alcanzarán porque habito en la casa de Dios”.
– Identifiquen cuáles han sido esos dardos o ataques que han venido a atar sus vidas, y visualicen como la cruz absorbe cada uno de esos dardos incorrectos.
– Por último, declaren cada uno de los beneficios de habitar en la casa de Dios. Amén.